

Unas pocas palabras:
El término de la mística se refiere al interior escondido que un ser humano experimenta a través de la comunión con Dios. La mística Matilde vivió con el Dios en el cual creyó. Poseía el don de hablar de Dios, pensar sobre Él y sobre todo vivir en una relación muy personal de amor con Dios. Su obra “La luz resplandeciente de la divinidad” de gran valor literario es una prueba impresionante de esto.
Las citas en Alemán tomadas del libro de Matilde “La luz resplandeciente de la divinidad” se puede encontrar bajo el enlace “El libro - extractos”.
El siguiente texto sierve como una inspiración y no reclama completitud.
1. Experiencia numinosa como fase previa
2. Mística desde el punto de vista cristiano
3. Tomar la Biblia literalmente
4. Diferencias de opiniones
5. Lenguaje metafórico
6. Habilidades proféticas
7. Mística nupcial y amor
8. Matilde - la trovadora de Dios
9. Bibliografía (alemán)
La mística es un fenómeno transcultural. Puede determinar una forma específica de experiencias interpretadas religiosamente, pero también la literatura que contiene la iconografía y el código lingüístico de los místicos.
Una experiencia mística en el sentido religioso es una experiencia inmediata de Dios por una oración contemplativa y como tal una excepción.
1. Experiencia numinosa como fase previa
Ocasionalmente hay una forma de expericencia religiosa no interpretada que deja prever de lo que se trata: En un punto destacado de su vida un ser humano es sorprendido por una cognición repentina que su vida es parte de una entidad grande y maravillosa. Y que esta incomprensible entidad le lleva ligeramente. Teniendo esta certeza, una confianza desconocida lo atraviesa y él siente una “fuerza del bien”. Después de esta experiencia ya no se puede ir atrás; tiene una fuerza cambiante. Es como un mensaje de otra capa más profunda de la realidad. El ser humano tocado presiente que su existenica tiene un sentido oculto, y que hay respuestas a las preguntas de dónde somos y adónde vamos. Se siente completo y puede aceptar su existencia.
Unos experimentan este momento, llamado numinoso, durante un encuentro intensivo con la naturaleza (océano, cima de la montaña), otros en el abismo de su vida (enfermedad, cerca de la muerte) lo que provoca un cambio, y otros también lo sienten cuando unen su cuerpo con su ser amado.
2. Mística desde el punto de vista cristiano
Para seres humanos religiosos la “incomprensible entidad” tiene un nombre. Se llama Dios.
Las respuestas cristianas a las preguntas de dónde somos y adónde vamos es: El amor de Dios es el origen de todo lo que existe. En este amor está escondido el secreto de nuestra vida, aunque llegamos a ser un misterio a nosotros mismos y a otros. Dios es – hablando con la palabras del místico judío Martin Buber – el Eterno Tú por el cual el ser humano puede llegar a ser completamente el yo (cp. Buber). “Sólo junto con Dios el ser humano es humano.” (Delp)
Una persona tocada por Dios ve el mundo con otros ojos; el mundo llega a ser transparente para la realidad de Dios. Se puede definir mística como el alejamiento del mundo de “cosas” y el acercamiento al mundo como un sitio de Dios (cp. Keul). El místico alemán Meister Eckhart diferenció entre el mundo con propósito y el mundo sin propósito. El mundo con propósito, donde el ser humano es considerado como objeto, siempre pregunta por el provecho y el objetivo lo que aplica para Meister Eckhart para el mundo de los comerciantes. En este mundo está cada cual quien percibe los seres humanos solamente como un factor económico, pacientes, máquinas de la evolución etc. En el mundo sin propósito todo, si es ser humano o naturaleza, tiene su dignidad a dentro. Desde el punto de vista cristiano, hablamos de la creación de Dios.
3. Tomar la Biblia literalmente
Tocado por la “realidad de Dios“, suena presumido en un principio porque Dios es incomprensiblemente más grande de lo que la mente es capaz de entender. Sin embargo, YAHVEH, el nombre bíbilico de Dios, dice exactamente esto: “Yo soy el que soy” lo que significa bíblicamente que se puede experimentar a Dios. Además Dios creó al hombre a su imagen por lo tanto el hombre lo puede experimentar. Se puede entender a Jesús como la cara humana de Dios a quien el hombre puede encontrar a la misma altura. El rey Salomón supo que Dios puede regalar un nuevo corazón entendido y se lo pidió. En este sentido los místicos y las místicas como Matilde toman la fe cristiana literalmente.
Aun así, reivindicando a encontrar a Dios “personalmente” es presumido desde el punto de vista del ser humano. En realidad el ser humano transciende a sí mismo con tal encuentro; un resto, algo indecible se queda y no corresponde a ninguna acción visible ni a una palabra (cp. luz resplandeciente de la divinidad II, 25, final).
4. Diferencias de opiniones
Dios tiene muchas maneras para comunicarse con el hombre. ¿Pero cómo se puede decidir si una experiencia es realmente una experiencia mística de Dios? Los clérigos durante los siglos supieron del peligro del subjetivismo, del autoengaño neurótico y de los intentos de engaño por los charlatanes. También una enfermdad psiquiátrica tiene que ser excluido. Se tiene que separar el grano de la paja, pero siempre teniendo en cuenta que estamos dentro de los límites del conocimiento humano y que no conocemos el plan maestro de Dios.
Una señal verificada es el efecto que causa el encuentro. Dios, el Eterno Tú, permite al hombre ser parte de la realidad atrás de la cosas: Por un momento el alma puede ver la realidad desde la perspectiva divina. Esta “visión” llega a ser la misión del alma. Fortalecido por ser tocado por la fuerza creativa de lo divino, el hombre es llamado a actuar. Quién sumerge en Dios, emergerá a lado del hombre. El encuentro con Dios tiene una fuerza cambiante entonces (cp. luz resplandeciente de la divinidad IV, 15/2).
5. Lenguaje metafórico
Místicos cruzan y pasan fronteras, son mediadores entre la “realidad” de la vida cotidiana y la realidad divina. Pero lo que experimentan de esta “manera sin manera” (cp. Sölle) es más grande que ellos; su lenguaje falla. Matilde escribió: “Ahora mi alemán me falla y latín no sé.” (Luz resplandeciente de la divinidad II, 4) ¿Cómo puede ella divulgar con lo que fue encargada?
Como todos los que quieren hablar de algo nuevo espiritual, Matilde usó una figura retórica – la metáfora. Ya el título del libro “La luz resplandeciente de la divinidad” es una figura marcada biblicamente. Matilde usó el amor (“Minne”) como la metáfora central. ¿Es en verdad posible entender imágenes eróticas metafóricamente? Cada cual, quien piensa que un coche o una acción es “sexy”, lo hace de una manera muy simple. Preguntando seriamente, erotismo es un tema de la vida humana de lo que nadie se puede escapar. Aquí el ser humano se ve enfrentado directamente con el origen de la vida y consigo mismo. Superficialmente se puede tratar de satisfacción, pero profundamente se trata de anhelo y de cumplimiento, sí, la capazidad de dar a luz. Que doloroso puede ser no ser parte de esto, confirman parejas con un deseo insatisfecho de tener hijos.
6. Habilidades proféticas
Se tiene que ver las escrituras de Matilde en relación con la parte desconocida y silenciosa de su vida: su vida para y con los pobres en los barrios pobres de la cuidad medieval de Magdeburgo. Todos los días ella estaba confrontada con pobreza, enfermedad y la muerte. Sus escrituras iluminan frente de este fondo oscuro y silencioso. Matilde criticó el ideal cristiano y denunició valientemente las desviaciones; lo que es una habildad que caracteriza a muchos místicos.
Es decir que son profetas del presente – hablando bíblicamente. Los místicos critican el espírtu de la época y lo frentan sin miedo. Son admonitores y nadan contra la corriente. Hablan teniendo una misión divina y aceptan la negación aun por parte de su propia comunidad espiritual.
También Matilde era un personaje controvertido cuya vida fue complicada por el clérigo (cp. luz resplandeciente de la divinidad II, 24).
7. Mística nupcial y amor
A primera vista los textos de amor de Matilde parecen ser como letras ardientes de una canción de amor – y esto es lo que son. En verdad escribió y publicó sus textos bajo la protección de dos tradiciones de escritura: Tradicional-bíblica y contemporáneo-literaria.
La mística nupcial viene de la tradición bíblica.
En el Antiguo Testamento se refiere en diferentes géneros literarios al pueblo de Israel como la “novia de Dios”; sobre todo en el Libro de los Salmos y en la literatura profética (p.ej. Ez 16,8 y Is 49+62). Tal como la novia y el novio esperan el cumplimiento de su anhelo y una vida común, así también un Dios enamorado de la gente anhela profundamente el amor de su pueblo.
La imagen de la novia significa cumplimiento prometido, “ya” prometido, pero “aun no” cumplido. El excrex representa el alto valor, la inversion de la vida del novio. Ejemplos de famosas parejas de enamorados muestran que la boda de amor fue prevista en la Biblia Hebrea: Jacob y Raquel, Abraham y Sara, David y Betsabé.
Se usa varias veces la imagen de la novia en el Nuevo Testamento (p.ej. Mc 2, Jn 3) y en el Apocalipsis de Juan. La boda de los novios es al alcance, porque el “novio”, Jesús, ya ha llegado. Ha llegado para preparar la unión con su pueplo – ahora es la familia de la humanidad – superando todos los obstáculos y pagando el “excrex”. (Así interpretó Gertrudis de Helfta la crucificción.) Si Él deja su novia nuevamente sola regresando temparalmente a la “casa de su Padre”, es sólo porque volverá y se quedará para siempre. El Apocalipsis de Juan habla de esta escatológica “boda del Cordero” (cp. Ap 19+21) con la que empieza el reinado de un Dios misericordioso, el cielo en la tierra, la paz eterna. Esto pueda aparecer extraño para nostros, pero la iconografía de la Catedral de Magdeburgo y otros edificios góticos construidos durante la vida de Matilde no se puede entender sin el escenario nupcial. También las vírgenes prudentes y necias (cp. Mt 25) pertenecen a este escenario escatológico.
El Cantar de los Cantares
Dios ama a los seres humanos y quiere estar unido a ellos. Esta declaración sobre Dios y el ser humano es el secreto más profundo de la religión judío-cristiana (cp. luz resplandeciente de la divinidad I, 24+II, 5). Es de una manera un destilado religioso que se revela solamente a aquél quien ha llegado a ser sabio. Quizá por esto se encuentra el texto clave de la mística nupcial en la literatura sabia del Antiguo Testamento: el Cantar de los Cantares. Aquí parece ser escrito un diálogo íntimo entre dos amantes usando imágenes muy eróticas y poéticas. Aunque Dios no está mencionado ni con una palabra, la fe judía comprendió el texto como metáfora de un diálogo entre Dios y el alma.
No solamente es sorprendente que se encuentran palabras ardientes en la Biblia, sino también la postura segura de sí mismos de los amantes – hoy diríamos que los dos tienen los mismos derechos – nos parece moderna. Aquí se encuentran dos personas profundamente enamoradas a la misma altura. Este modelo “moderno” de una relación es la idea bien pensada de que somos un retrato fiel de Dios. El interior más profundo del ser humano lleva la imagen de Dios como imagen de anhelo dentro de sí mismo. La maternidad de María es sólo imaginable delante de este fondo. (Véase “Gottesminne” amor a Dios) Con Jesús, el Dios encarnado, esta verdad profunda se vuelve realidad – la Palabra se hizo carne (Jn 1). En Jesús, Dios demostró su cara humana.
Lo humano en Dios, lo divino en el humano. Las escrituras de Matilde circulan alrededor de estos contenidos teológicos. Especialmente cuando escribió canciones de amor, Matilde usó el lenguaje metafórico del Cantar de los Cantares (cp. luz resplandeciente de la divinidad I, 11-20).
Matilde entendió su alma, o sea la parte de su ser que es dirigida completamente a Dios como “novia adulta”, como amante de Dios (cp. luz resplandeciente de la divinidad I, 44).
Expresando sus sentimientos privados Matilde no hubiera encontrado recipientes para sus escrituras. Pero escribió en un “código” bíblico el cual los cleros educados podían descifrar fácilmente en esos tiempos. Por lo tanto ella podía terminar uno de los capítulos nupciales con las palabras: “Estimado amigo de Dios, he escrito este camino de amor para ti. ¡Que Dios te lo infunda en tu corazón! Amén.” (La luz resplandeciente de la divinidad I, 44)
La forma literaria: “Hohe Minne” (alto amor) y “Gottesminne” (amor a Dios)
La niñez y la juventud de Matilde son marcadas por la cultura cortesana del Minnesang, poesía amorosa que canta de todas las forma de la “Minne”, la palabara alemana contemporánea la que signifca amor.Tal como el canto popular, el Minnesang o una aria cantan del amor hoy en día, así existían diferentes formas musicales que tematizaron el amor dependiendo del contenido y del público en el Medioevo.
En la cultura cortesana los Minnesänger (cantores del amor cortés) y trovadores viajeros entretuvieron a la nobleza jugando diferentes papeles. Habían canciones sensuales y alegres que cantaron con indicaciones frívolas del acariciamiento sensual hasta la entrega completa. Las canciones de la “Niedere Minne” (amor bajo) cantan del amor de un hombre que tiene una amante que pertenece a una clase social más baja que él; generalmente “Niedere Minne” representa el amor que es orientado sexualmente.
También habían canciones amorosas donde el Minnesänger jugó el papel de un vasallo. Él dirige su canto de amor a la dama exaltando cuyas virtudes y atracción, pero se refiere al señor feudal cuyo esplendor radia mucho más por galanteando la belleza de su esposa. Estos poemas amorosos un hombre de la baja nobleza, los cuales se dirigen a una “Frouwe” (dama) de una clase social más alta y así pues inalcanzable, tratan del amor anhelado pero no correspondido a cual se refiere como “Hohe Minne” (cp. Ehrismann). Presentando la canción y expresando publicamente la adoración, lo hizo imposible de corresponder el amor. Así la “Hohe Minne” expresa el anhelo eterno. La “Frouwe” llegó a ser el arquetipo de belleza y virtud distante e inalcanzable. La alegoría de la “Frau Minne” (Doña Amor) representa el poder cambiante para mejorar y refinar el amor abnegado en cuyo servicio (servicio de amor) está el caballero que se acerca al ideal “cortesano”. Parecido a la ópera de hoy, la “Hohe Minne” celebró “grandes sentimientos” como un evento cultural. Participando el público se aprobó como conocedores de la cultura cortesana y formaron una comunidad cultural por la experiencia común y de alta calidad; con ello, la “Hohe Minne” mostró características casi litúrgicas.
Una particularidad de la “Hohe Minne” beneficia la elevación a lo sacral que la conecta inseparable con el “Minnedienst” (cp. Ehrismann). El poeta está al servicio de la noble dama o bien de la “Frau Minne”. La Minne declarada funda una relación jurídica la cual es comparable con el servicio mutuo y obligatorio al señor feudal. El poeta se puso bajo la protección de la “Frau Minne” y estuvo – en dependencia voluntaria – a su servicio.
Esta obligación voluntariamente escogida y mutuamente obligatoria corresponde en la unión “nupcial” entre Dios y la humanidad (véase mística nupcial). El género literario de la “Hohe Minne” deja entrar otra forma de la lírica cortesana al escenario de la elocución cortesana – la “Gottesminne” (amor a Dios).
La “Gottesminne” sirve también como “afino fascinante” del público y tematiza la adoración de “Nuestra Señora” – María, la Madre de Dios. Como ya mencionado en el contexto de la mística nupcial, María es la imagen ideal del ser humano, si mujer u hombre, quien dio espacio a Dios dentro de si misma, quien le permitió crecer y quien le dio a luz y así Dios llegó al mundo. Ésto sólo es posible en una relación de amor entre Dios y el ser humano: María debió haber amado a Dios y Dios a María. La poesía del amor a Dios canta de esta relación salvífica de amor. El “Minnedienst” (véase arriba) cambia al servicio divino (“Gottesdienst”): El amor transformante y cambiante de Dios lo libera de sus fijaciones y le regala un corazón sabio y prudente – un corazón compasivo (cp. 1 R 3,8).
En la espiritualidad de la beguinas del Orden del Císter María juega un papel especial como la Madre de Dios. También Matilde sintió una conexión cercana con ella (p.ej. luz resplandeciente de la divinidad I, 22).
Matilde utilizó todo el repertorio de la poesia de amor y lo explotó al máximo a la vez. Es porque el alma es mucho más pequeña que Dios y Él la hace reina (cp. luz resplandeciente de la divinidad I, 39). Por otro lado Matilde captó por el amor de Dios con una autoconfianza de la novia adulta del Cantar de los Cantares:
“Yo grito por ti con gran anhelo,
Con la voz solitaria;
Espero tu llegada con el corazón temido,
No puedo descansar, estoy quemando,
Inextinguible en tu amor ardiente.” (Luz resplandeciente de la divinidad II, 25)
El alma de Matilde es más que una novia, es su esposa. De hecho, los dos géneros de la Minne cortesana ya mencionados, la “Niedere Minne” y la “Hohe Minne” son exageraciones unilaterales que contradicen la vida cuyo equilibrio es balanceado por la mesura correcta. El amor matrimonial, que se capta igualmente, es el amor moderado y adecuado (cp. Ehrismann). Este amor corresponde al papel de la novia del Cantar de los Cantares.
8. Matilde - la trovadora de Dios
Increíblemente nuevo
Las escrituras amorosas de Matilde se revelan como un tejido denso de referencias pero su público pudo descifrar su contenido. Las escrituras fueron leídas probablemente en comunidad. Nuevo e insprirativo fue la combinación de los dos géneros literarios.
Para su poesía del amor divino, Matilde utilizó la imagén de la novia del Cantar de los Cantares quien revela seguramente su amor al novio. Matilde transfirió las figuras retóricas de la “Hohe Minne”, la que celebra y sublima el anhelo para el amado inalcanzable, a la situación de la alma nupcial, la cual despepita deseando a Dios (cp. luz resplandeciente de la divinidad II, 25):
“Señor, dos cosas te pregunto,
Con tu gracia enseñame:
Si mis ojos lloran en soledad,
Y mi boca se queda callada en su simplicidad
Y mi lengua coartada en aflicción,
Y mi sentido me pregunta una y otra vez,
Que me pasa,
Entonces, Señor, todo dentro de mi es dirijido hacia ti.
Cuando mi carne se consume,
Y mi sangre se seca,
Mis huesos me torturan,
Mis venas se contraen,
Y mi alma ruge como los bramidos de un léón hambriento,
Dime, querido,
Entonces, cómo será para mi,
¿Y dónde estarás tú?” (Luz resplandeciente de la divinidad II, 25)
La trovadora de Dios
Hubo pocas mujeres entre los trovadores franceses, como p.ej. María de Francia o la Condesa de Día (cp. 1Keul) En la parte germanohablante de Europa casi no existían mujeres trovadoras. Especialmente la “Hohe Minne”, como un fenómeno social, hubiera debido ser un papel clásico de los hombres. Tan sorprendente e increíble es que una mujer se apoderó de esta forma expresiva. Los Minnesänger quienes cantaron del deseo de amor satisfecho desde la perspectiva de un hombre, utilizaron raramente palabras más explícitas. Así se puede llamar Matilde justamente la “trovadora de Dios” (cp. 1Keul). (Veáse también el texto “El libro”: 4. lengua materna como provocación)
Como será cuando Él venga: La unio mystica
Matilde supo de la distancia insuperable de Dios pero experimentó una y otra vez momentos de cercanía fenomenal. La única imagén que es suficiente fuerte, es la Minne satisfecha: Los límites empiezan a fluir, la aspiración hacia el amado es irresistible hasta que los dos sean uno (cp. luz resplandeciente de la divinidad II, 6). Este armonizar con Dios, este unir, teniendo un ritmo, es el baile que Dios enseña al alma (cp. luz resplandeciente de la divinidad I, 44). Con el lenguaje de las canciones del amor, el alma canta la canicón de la vida con Dios: “Ay Señor, ámame apasionadamente, ámame muchas veces y mucho tiempo.” (Luz resplandeciente de la divinidad I, 23).
Estos momentos de ser uno con Dios no son un fin de sí mismo; sino provocan impulsos de maduración espiritual. Así el alma crece lentamente en Dios con movimientos espirales: del amor (“Minne”) al conocimiento, del conocimiento al placer. Matilde comparó este proceso con un baile (cp. luz resplandeciente de la divinidad I, 44).
El desierto de la nada
Pero cuanto más íntimo la unidad iluminada, tanto dolorosa la despedida oscura. El reverso de esta gran cercanía de Dios es el “desierto”, la ausencia de Dios: “Debes amar la nada […].” (Luz resplandeciente de la divinidad I, 35) El alma aprende amar a la oscuridad teniendo la certeza que es la sombra que la gran luz de Dios echa.
Sufriendo la noche y practicando aguantar la ausencia de Dios, son los largos períodos secos de los místicos. Esta ‘escuela de noche’ les enseña no dejar solos a otros si su alma se oscurece entrando el ‘valle de sombra de muerte’. El vocabulario resplandeciente de Matilde brillan delante de este fondo.
Sus palabras entran a la parte nocturna del ser humano como rayos de luz llenos de esperanza. “Si el amor de Dios suena por el corazón cariñoso dentro del alma – afortunado es aquel que nació y realmente experimentó esto alguna vez.” (Luz resplandeciente de la divinidad IV, 18/4)
Katharina Wieacker
9. Bibliografía (alemán)
Buber, Martin: Das dialogische Prinzip. Gerlingen : Schneider, 1926
Delp, Alfred: Gesammelte Schriften. Frankfurt : Hrsg. Roman Bleistein, Josef Knecht Verlag, 1982-88
Ehrismann, Otfrid: Ehre und Mut, Aventiure und Minne – Höfische Wortgeschichten aus dem Mittelalter. München : C.H.Beck-Verlag, 1995, S. 136-147
1Keul, Hildegund: Das Hohelied der Minne: Eine Entfesselung des weiblichen Begehrens. In: Bangert, Michael; Keul, Hildegund, Vor dir steht die leere Schale meiner Sehnsucht. Die Mystik der Frauen von Helfta., Leipzig : Benno Verlag, 1998, S. 97-111, hier 109 f.
2Keul, Hildegund: Verschwiegene Gottesrede – Die Mystik der Begine Mechthild von Magdeburg. Inbrucker Theologische Studien, Insbruck, Wien : Tyrolia-Verlag, 2004
Sölle, Dorothee: Mystik und Widerstand: Du stille Geschrei. Hoffmann und Campe, 41984, 986-91, Meister Eckhart